A veces me gusta mirar la comida con ojos de historia: durante buena parte de nuestro camino como especie, comíamos lo que había, cuando había. Somos curiosamente omnívoros y flexibles; unas temporadas con más caza o recolección, otras con raíces, frutos, semillas.🥜🌱

Quizá por eso me encanta alternar: días más contundentes y días más ligeros. Y confieso algo: después de un tiempo sin ensaladas, volver a una es como abrir una ventana a una deliciosa frescura. 🥗🌾

Durante la mayor parte de los aproximadamente 300.000 años de existencia de Homo sapiens, antes de la agricultura generalizada, los grupos humanos vivieron como cazadores-recolectores, y no siempre se conseguía proteína. 🐘🍗

Los alimentos ricos en fibra tienen otro carácter: crujen distinto, huelen a tierra y a fresco, y suelen pedirme más manos en la cocina. Sí, corto, pico y repico; a veces remojo, horno lento, paciencia. Para no depender del “ya veré”, me sirve dejar hojas lavadas en la nevera, un frasco de aderezo sencillo y un cítrico listo. Con eso, armar un tazón verde entre comidas ocupadas se vuelve posible y hasta agradable.🥬🌿

Cuando mi plato gira más en torno a proteínas, al día siguiente busco algo jugoso y vegetal que me equilibre el paladar. No hablo de fórmulas mágicas; hablo de sensaciones: lo crujiente me baja revoluciones, lo verde me invita a masticar, y lo acuoso me recuerda beber más agua. En mi rutina, una ensalada bien sazonada funciona como un pequeño “reinicio” del día.💧🌈

Si te resuena, juega con lo que tienes a mano y con la estación: amargos, dulces, cítricos, hierbas. Lo Fresco Importa, y la constancia se construye con atajos amables. La proteína pasa más tiempo en nuestro colon; la fibra y el agua se encargan de facilitar el tránsito intestinal, recuerda siempre incluírla en tu día a día! 🩺🥒

#ComidaQueConstruye

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